El “hombricidio”

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Foto: Shutterstock

Por: Enrique Pons Franco

El título de esta columna parece chiste, pero –lamentablemente– es anécdota. Las cifras oficiales arrojan que la violencia familiar y la violencia en contra de las mujeres registran desde la llegada del Covid-19 a México incrementos de 23.4% y de 100.7% respectivamente. Hasta el mes de junio se contabilizan más de 209 feminicidios.

Según el Alto Comisionado de la ONU-DH, la cifra de feminicidios durante 2015 en México fue de siete mujeres y niñas al día y en 2020, aumentó a 10.5 feminicidios. Según el INEGI, el 40% de estos delitos son perpetrados por la pareja de la víctima en su hogar. El 94.6% de estos quedan impunes y el 60% de las víctimas sufrieron violencia familiar previamente.

Con esa lluvia de cifras alarmantes, desde un estado del sur de México, surge una idea que parece sacada más del ideario de Groucho Marx (aquel cómico estadounidense poseedor de un humor mordaz y ácido), que de un diputado que se toma en serio su trabajo.

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En la semana circuló un documento con el carácter de iniciativa, atribuido a Miguel Edmundo Candila Noh, diputado en el Congreso del estado de Yucatán. El legislador propone reformar el Código Penal y el Código de Familia de ese estado de la República. La iniciativa, carente de citas de datos, cifras, o sencillamente, de reflexiones fundadas y motivadas, pasa por mencionar, por ejemplo, que: “en la mayoría de los hechos de violencia familiar hay hijos de por medio” (no sabemos de dónde obtuvo esos datos, o si se refiere a Yucatán, o a todo el país).

Lo anterior no tendría mayor transcendencia sino fuera porque la iniciativa menciona un delito denominado como “hombricidio”, el cual, a juicio del legislador, es la privación de la vida de una persona, en este caso de un hombre, por razón de género. Este delito no existe en la legislación penal mexicana.

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Tomar a la ligera –por quien lo desempeña– el trabajo legislativo, al no entender el alcance de inventar figuras como el “hombricidio”, puede llevar, en una sociedad tan marcadamente machista como la mexicana, a ridiculizar figuras que sí merecen un tipo penal específico, como el feminicidio, y que tanto trabajo legislativo, pero, sobre todo, vidas de mujeres, han costado en nuestro país.

La figura penal del feminicidio no surgió en México como una ocurrencia o moda legislativa. Su origen surgió de la muerte, a partir del volumen de los crímenes de odio sistemáticos contra las mujeres, por el hecho de serlo. Es por ello que se tuvo que buscar, desde la ley, una herramienta para castigar con mayor severidad, aquellos casos en que la privación de la vida de una mujer vino aparejada por razones de género.

Entre los ejemplos se encuentra sí la víctima presentó signos de violencia sexual de cualquier tipo; o se infringieron lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia; si existieron antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima; o si había entre el victimario y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza.

En fin, mientras eso sucede, esperemos que en el Congreso de Yucatán el resto de los legisladores se tomen en serio su trabajo y desechen dicha iniciativa. Nos leemos la próxima. Estamos en contacto en mi cuenta de Twitter: @enrique_pons y en Facebook como Enrique Pons Franco

P.D. En esta ocasión no puedo irme sin felicitar a dos talentosas, trabajadoras e inteligentes mujeres, que, frente a la pandemia, no dejaron emprender. Síganlas en Instagram como @actnoemigarcia y @liliaesevilla.

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