Desde el mediodía de este jueves, miles de personas con camisetas verdes llegaron al Centro Histórico de la Ciudad de México. El objetivo era llegar a la Plaza de la Constitución para ingresar al Fan Fest del Zócalo.
El partido entre México y Corea del Sur significaba para los mexicanos un espacio de esperanza y por lo menos durante 90 minutos, una oportunidad para olvidarse de los problemas cotidianos, como Kenia.
Ella es una aficionada que viajó desde Sonora a la Ciudad de México para vivir la experiencia mundialista. Tras comprar una playera de la Selección Mexicana que le costó 100 pesos, comentó que el ambiente no era el que esperaba.
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“Se ve muy triste porque se comenta mucho en internet que somos los anfitriones más no los invitados como podemos ver las manifestaciones de los maestros, y no nada más aquí en ciudad de México se está viviendo eso, sino allá desde Sonora donde yo vengo y en cada rincón de México siento yo”, lamentó la sonorense.
Botargas de las mascotas mundialistas provocaban a los visitantes para detenerse y tomarse fotos con ellas, otros aprovechaban para hacerse una limpia con los grupos con danzantes prehispánicos.
“A final de cuentas es parte de nuestras raíces, de nuestra cultura, de nuestro origen, entonces reconocer y tratar de comprender un poquito es vivir la experiencia para mí”, destacó Victoria Ponce, quien vino desde Guanajuato para vivir de cerca el ambiente mundialista.
“Al final del día sabemos que en nuestra cultura mexicana hay muchos rituales diferentes yo creo que en todo hay que creer siempre está lo bueno y lo malo y yo creo más creer por lo bueno que por lo malo —¿también para que le vaya bien a la selección? — No, pues más bien que le vaya bien a uno y ya yéndole bien a uno pues ya te le tendrá que ir bien a la selección”, comentó Carlos Barajas, un aficionado que llegó sólo para ver el partido.
En grupos de familias, amigos e incluso algunos solos se formaron para cruzar los accesos a la plancha del zócalo, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México restringió el cupo a 50 mil aficionados para tener un mayor control en la operación de seguridad del evento mundialista.
La amenaza de la lluvia no desalentó a los aficionados que con paciencia esperaron el inicio del partido programado para las 7:00 de la tarde. A las 6:45 de la tarde ingresaron los equipos al estadio de Guadalajara, los asistentes celebraron al ver a los jugadores de la selección ingresar a la cancha. La afición tricolor abucheó cuando se anunció el himno surcoreano, pero al entonarse guardó un respetuoso silencio.
En seguida tocó el turno al Himno Nacional Mexicano en donde los asistentes que abarrotaron la plancha del Zócalo lo entonaron con fervor patrio.
El partido arrancó a las 7:00 de la tarde en punto. Un grito de “¡México, México!” recorrió el Centro Histórico…
El partido fue un duelo de estrategias en la media cancha, conforme avanzaba el cronómetro, el nerviosismo se apoderaba de la afición. Rostros de preocupación, algunos se mordían las uñas o trataban de esbozar una sonrisa nerviosa mientras bromeaban con sus familias o amigos.
El primer tiempo concluyó con un empate a cero anotaciones lo que dejaba una sensación de incertidumbre, fue cuando la lluvia se hizo presente salieron a relucir paraguas y gabardinas. Cuando la tormenta arreció algunos buscaron refugio en la zona de patrocinadores la cual se convirtió en un caos.
El segundo tiempo inició mientras la gente aún buscaba una un lugar para resguardarse, al minuto 50 un error del arquero surcoreano permitió que Luis Romo lograra el gol de la quiniela, la tormenta no importó más y la afición celebró con gritos, abrazos y espuma.
Corea del Sur estuvo a punto de empatar el partido, pero el portero mexicano, Raúl “Tala” Rangel, logró una detención espectacular sobre la línea de la portería. La afición le rindió tributo y coreó al unísono Tala, Tala, Tala.
Los mexicanos animaban al tricolor, como si pensaran que sus gritos y porras podían ser escuchados por los jugadores hasta el estadio Jalisco.
Minuto 90 y apareció el anuncio de seis minutos más lo que derivó en una serie de mentadas de madre para el árbitro.
Corea del Sur buscaba el empate, la afición contenía su aliento, cuando al fin llegó el silbatazo final, la algarabía cimbró el centro de la capital mexicana. Gritos de México, México, México, ahuevo, viva México cabrones se escucharon.
En pocos minutos la afición abandonó el Fan Fest para dirigirse a celebrar al Ángel de la Independencia.
Fueron 90 minutos y un poco más en que los mexicanos olvidaron sus problemas y diferencias, en el que todos apoyaron una sola causa, el que a México le vaya bien.