El Fan Fest en la Ciudad de México fue un punto de encuentro para miles de personas con el entusiasmo de ver el partido inaugural del Mundial de Futbol, pero que tuvieron que cruzar accesos reducidos a una plaza amurallada.
El primer aficionado en llegar al acceso en las calles 20 de noviembre y Venustiano Carranza fue Jesús, un joven originario del Estado de México que se apostó desde la medianoche ante las vallas metálicas para alcanzar lugar.
A partir de las 6:00 de la mañana comenzaron a llegar decenas de personas, la mayoría, con la playera de la Selección Mexicana, sonando trompetas y portando sombreros de palma. En la calle Venustiano Carranza se formó una fila que a las pocas horas ya se extendía a lo largo de más de seis cuadras.
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En punto de las 10:00 de la mañana, el caos se desató. Cientos de personas que no hicieron fila se aglomeraron para entrar por un estrecho acceso que los organizadores habilitaron entre las vallas metálicas.
El Zócalo estaba blindado desde hace dos semanas para evitar que el movimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tomara la plaza y pusiera en riesgo el evento organizado con la FIFA.
Sin considerar la presencia de menores de edad, bebés de brazos, ancianos y personas con problemas de movilidad, empezaron los empujones, los gritos e insultos a los organizadores, situación que se extendió por casi una hora hasta que lograron entrar los últimos asistentes.
Al pasar las vallas y la experiencia de los tumultos, el ánimo festivo regresó: “¡Sí se pudo! ¡Sí se pudo!”, cantaban los asistentes.
En la plancha del Zócalo estaba todo listo para ver en la pantalla gigante la inauguración del Mundial y el partido entre las selecciones de México y Sudáfrica.
Se dieron cita personas procedentes de Colombia, Brasil, Sudáfrica y del interior del país, de estados como Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Guerrero y Morelos, aunque la mayoría eran de la Ciudad de México y el Área Metropolitana.
Adentro había que hacer más filas, esta vez para usar el baño y para comprar alimentos y bebidas, cuyos precios no tenían nada de populares.
Por un refresco de 600 mililitros había que pagar 120 pesos; una bolsa de papas fritas costaba 80 pesos; una cerveza pequeña se vendía en 150 pesos, y una bolsa grande de palomitas en 140 pesos.
Para el mediodía, el Fan Fest del Zócalo estaba completamente lleno con alrededor de 55 mil asistentes. Una hora después, el partido terminó con un marcador 2-0 en favor de México, pero una intensa lluvia desalojó a los aficionados en cuestión de minutos.