Mientras la FIFA despliega campañas, espectáculos y mascotas oficiales para conectar con los aficionados, un pequeño pato vestido con los colores de la Selección Mexicana se ha robado la atención de miles de personas en las calles y en redes sociales.
Se llama Merlín y, sin proponérselo, se ha convertido en uno de los personajes más comentados del Mundial.
La historia detrás de la popularidad de esta mascota está lejos de las grandes inversiones publicitarias. Merlín acompaña a la familia Gómez en su negocio de venta de agua y fue la espontaneidad de sus paseos, su peculiar apariencia y el cariño que despierta entre la gente lo que terminó convirtiéndolo en un fenómeno viral que ya atrae cámaras, entrevistas y hasta invitaciones de la propia FIFA.
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Pero detrás de la fama también hay una historia de resiliencia familiar. La llegada de Merlín ayudó a sanar una pérdida que marcó profundamente a sus dueños y hoy representa mucho más que una mascota.
El pato simboliza el esfuerzo cotidiano de una familia trabajadora que encontró, en medio de la fiesta mundialista, una inesperada forma de conectar con miles de mexicanos.
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