Este lunes se espera que el Reino Unido se sume a alrededor de una decena de países y prohiba a los menores de 16 años tener cuentas en redes sociales; sin embargo, un equipo de investigación encabezado por una psicóloga clínica y madre señala que, a pesar de que le gustaría, este tipo de acciones no tienen bases científicas que las soporten.
Al ejemplo que puso Australia en diciembre de 2025 le han seguido Francia, Grecia, España, Dinamarca, Malasia, Noruega, India, Egipto, Canadá y Turquía, con declaraciones como la del presidente francés, Emmanuel Macron, declaró: "Prohibir las redes sociales a los menores de 15 años: esto es lo que recomiendan los científicos".
"Quienes defienden la prohibición de las redes sociales para jóvenes afirman que existen sólidas pruebas científicas que demuestran que estas prohibiciones mejorarán el bienestar de los adolescentes", señala Monika Neff Lind en un comentario editorial en la revista Frontiers.
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"Como psicóloga clínica y madre, me alegraría mucho si esto fuera cierto, pero no lo es. Desconocemos cómo afectarán las prohibiciones de las redes sociales a los jóvenes porque nunca hemos estudiado esta cuestión", añade, y explica este enunciado con base en la investigación que publicó con su equipo en la revista Frontiers in Developmental Psychology.
Falta de evidencia
"Dada la contundencia de los argumentos de quienes defienden la prohibición, mis coautores y yo teníamos curiosidad por saber cuán sólida era la evidencia experimental que respaldaba su postura", señala Neff Lind, por lo que hicieron una revisión de las investigaciones que se han hecho al respecto.
Para su sorpresa y la de sus colegas de la Universidad de California en Irvine, encontraron que: "Ningún experimento sobre la restricción de redes sociales ha incluido a menores de 16 años".
"¡Desconocemos cómo afectarán las prohibiciones de redes sociales a los jóvenes afectados porque nunca lo hemos probado con ellos!", señala la psicóloga.
Neff Lind aclara que "para ser justos, a veces la evidencia sólida en adultos justifica extrapolar las mismas conclusiones a los adolescentes". Pero añade que ese salto no se justifica en este caso.
"Los experimentos con adultos muestran efectos débiles, nulos y mixtos, con un 40% de los estudios experimentales que muestran efectos perjudiciales (por ejemplo, menor satisfacción con la vida y mayor soledad) o ningún efecto de la restricción de las redes sociales".
En otras palabras, tras la revisión "encontramos, en promedio, pocos o ningún beneficio"; incluso en los casos en que "se les dice repetidamente a los adultos que las redes sociales son malas para su salud mental y que dejarlas les ayudará".
¿Consecuencias no deseadas?
Además, prosigue la experta, "hay buenas razones para creer que las prohibiciones pueden ser contraproducentes", ya que, primero, "hacer cumplir una prohibición de redes sociales para jóvenes plantea importantes problemas éticos", pues se tendría que invadir la privacidad de las personas, "y es probable que perjudiquen más a las personas marginadas".
Por otra parte, "los jóvenes vetados también pueden perderse recursos y comunicaciones importantes que se ofrecen a través de las redes sociales, ya que las escuelas, los clubes y la mayoría de las demás organizaciones que trabajan con jóvenes utilizan las redes sociales como principal forma de comunicación".
También se suma el hecho de que "muchos jóvenes eludirán las prohibiciones creando cuentas falsas de 'adultos' o navegando de forma anónima", por lo que mantendrán el acceso a las redes sociales sin los beneficios de los controles parentales o los filtros de contenido que ofrecen las cuentas juveniles.
Neff Lynn señala que "tres meses después de su implementación, las autoridades australianas informaron que cerca del 70% de las cuentas de redes sociales de menores de 16 años seguían activas".
Añade que "la gran mayoría de los jóvenes se opone a las prohibiciones de redes sociales para menores, y los adolescentes son conocidos por su rebeldía ante las imposiciones que ignoran sus necesidades. Cabe esperar más conflictos entre adolescentes y tutores, no menos".
Lo primero que el equipo considera importante, ya que no se hicieron antes los experimentos y las medidas ya se tomaron, es tener información sobre el efecto que están teniendo.
En esto, "los gobiernos deben colaborar con diversos actores, incluyendo a los jóvenes, para evaluar de manera rigurosa y abierta los posibles impactos. Una evaluación apresurada o improvisada dejará espacio para la politización y el razonamiento sesgado", concluye la autora.