EFE.- Miles de birmanos volvieron a salir este sábado a las calles para oponerse al golpe militar en medio de un aumento de las represalias, mientras que varios medios locales informaron de la muerte de la manifestante a la que la policía disparó el pasado martes.
Los familiares de Ma Mya Thwet Thwet Khine, la manifestante de 20 años herida de bala por un agente, decidieron retirarle el respirador y la sonda que la mantenía con vida, aunque ya el martes los médicos habían certificado su muerte cerebral, según los medios Irrawaddy y 7Days News.
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La joven fue abatida por un disparo en la cabeza realizado por un subfusil tipo Uzi mientras se encontraba en una protesta contra la junta militar en la capital, Naipyidó, donde la policía también usó cañones de agua.
Una manifestante de 29 años señaló hoy a Efe que conoció a Ma Mya Thwet Thwet Khine el año pasado y que decidió unirse a las protestas cuando se enteró de que la policía le había disparado.
“La conocí el año pasado cuando fui a Naipyidó, es una amiga de mi hermana pequeña (…) Desde ese día (del disparo), decidí unirme al movimiento de desobediencia civil“, señaló la mujer, que trabaja como profesora, en una protesta antijunta en Rangún.
Aniversario del héroe nacional
“Respeten nuestro voto” o “liberen a nuestros líderes”, eran algunas de las pancartas que llevaban los manifestantes concentrados en Rangún, con otras protestas contra la junta militar en otras partes del país a pesar de la prohibición por parte de los uniformados.
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En Rangún, la ciudad más poblada del país, los manifestantes se reunieron frente a la estatua de Aung San, el fundador del Ejército birmano y héroe de la independencia del que hoy se celebra el aniversario de su nacimiento.
Aung San también es el padre de la Nobel de la Paz y líder depuesta del país, Aung San Suu Kyi, de quien no se tienen noticias desde que fue puesta bajo arresto domiciliario en Naipyidó el día del golpe el pasado 1 de febrero.
Los manifestantes han adoptado el gesto levantando tres dedos, el saludo de la saga Los juegos del hambre que se convirtió primero en un símbolo de protesta en Tailandia y ahora en Birmania (Myanmar), donde la oposición al golpe comenzó con caceroladas y desobediencia civil.
Desafío al miedo
El movimiento contra la junta militar continúa a pesar de las cargas policiales con cañones de agua, gases lacrimógenos y balas de goma y reales, que han causado varios heridos en los últimos días, y el miedo a las detenciones y represalias.
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Los soldados están aprovechando la noche para realizar detenciones, por lo que grupos de vecinos han comenzado a patrullar por algunos barrios donde golpean sartenes y cacerolas para advertir cuando los soldados o la policía se llevan a personas.
Entre los detenidos se encuentran doctores comprometidos con la desobediencia civil, mientras que muchos periodistas viven amenazados y cambian de domicilio cada noche para no ser arrestados.
Al menos 326 personas, incluida la mayoría del Gobierno, políticos y activistas, han sido detenidos en las últimas dos semanas, aunque 23 han sido liberadas, según la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP).
Muchos son detenidos sin cargos o con acusaciones ambiguas como la propia Suu Kyi, quien está acusada por la importación ilegal de un equipo de telefonía.
Contra China y Rusia
El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas adoptó ayer una resolución para pedir la liberación de Suu Kyi, pero la división en el organismo impidió una condena firme del golpe por la reticencia de miembros como China, Rusia y Venezuela.
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El documento, que fue adoptado sin necesidad de votación por el Consejo, formado por 47 gobiernos, “deplora” la supresión del Gobierno elegido tras los comicios del 8 de noviembre, aunque evita referirse a él como “elegido democráticamente”, como señalaba el borrador inicial sugerido por la Unión Europea y Reino Unido.
Las reticencias de Rusia y China a condenar sin rodeos el golpe de Estado han provocado que los manifestantes birmanos hayan celebrado protestas delante de sus embajadas para exigir que dejen de apoyar a la junta militar, que ya gobernó Birmania entre 1962 y 2011.