Mario Alberto Kempes: 66 Años del verdadero ‘Matador’

Foto: Especial.
La imagen de la leyenda argentina celebrando sus goles en la Final del Mundial del 78 ante Holanda sigue enchinando la piel.

Nadie simboliza el futbol en Argentina como Diego Armando Maradona y probablemente nadie haya tenido una carrera deportiva tan mayúscula como Lio Messi… Pero nadie olvida la figura estruendosa de Mario Alberto Kempes en un país donde el culto a sus leyendas suele moverse en curiosos parámetros entre el amor y el odio. Y puesto en ese escenario el Matador tiene una ventaja absoluta: es imposible hallar a quien hable mal de él.

Kempes cumple 66 años este 15 de julio convertido en un personaje indiscutible. Comentarista de relumbrón en ESPN es imposible atender a sus análisis sin que la memoria se conduzca hacia el 25 de junio de 1978, cuando bajo una lluvia de papelitos que inundaban el césped del Estadio Monumental celebraba los goles con que llevó a la Argentina al primer título Mundial de su historia.


Fue aquella fría jornada el punto culminante de una carrera extraordinaria que comenzó con su fichaje por Instituto de Córdoba en marzo de 1972, cuatro meses antes de cumplir los 18 años. Su impacto fue inmediato, al punto de ser junto a un tal Osvaldo Ardiles el responsable directo del ascenso a Primera División y llamar la atención de todo el país gracias a la casualidad el 9 de octubre de 1973, en su segundo partido en la máxima categoría.

Aquella noche de viernes ‘La Gloria’ visitaba a River Plate en partido televisado y en la memoria no quedó el 3-1 con que los millonarios vencieron el choque, sino el 0-1 que anotó aquel joven Kempes a poco de iniciar y que le puso en el escenario. Su popularidad se disparó y acabar el Nacional con 11 goles, igualado a Rubén Cano y solo por detrás de Morete (15) y Gómez Voglino (18) le convirtió en uno de los jugadores señalados.

A partir de ahí la figura de Marito se impuso en las tapas de todos los periódicos y revistas. Y lo hizo con argumentos futbolísticos indiscutibles: debutante con la selección frente a Bolivia, 130 millones de pesos provocaron su venta a Rosario Central, donde el profesor Griguol le convirtió en referencia zurda del ataque para que cerrase el torneo de 1974 con 25 goles en 25 partidos, consagrándose campeón y sumando otros 25 goles al año siguiente.

UN TRASPASO DEMOCRÁTICO


Cuando en 1976 su nombre ya era indiscutible a Kempes le llegó la hora de dar el salto a España. El éxito del ‘Ratón’ Ayala en el Atlético de Madrid, Rubén Cano y Gómez Voglino en el Elche, de Morete en Las Palmas o Saccardi en el Hércules provocó que sus goles en Argentina llamasen la atención en la Liga y tras un primer devaneo con el Atlético, que acabó fichando a Rubén Cano, el Valencia puso sobre la mesa una oferta de 500 mil dólares, un récord de la época, para convencer a los canallas.

Foto: Valencia CF.


No fue un traspaso cualquiera porque viviendo Argentina en plena dictadura los dirigentes de Rosario Central mantuvieron su costumbre de trasladar a los socios del club la aceptación o rechazo de la venta. Un traspaso democrático que se acordó por mayoría de los hinchas, que entendieron la ilusión del jugador por marchar a España y el beneficio económico, histórico, que representaba la operación para el club.

Casi cuatro décadas después de su marcha nadie olvida en Valencia a Kempes, que llegó a Mestalla siendo un auténtico desconocido por la hinchada local y se ha convertido en el futbolista de referencia de los primeros años democráticos del futbol español. Si el Barça tiene a Cruyff, el Atlético a Ayala, el Real Madrid a Breitner o el Sevilla a Biri-Biri, el Valencia guarda un amor reverencial por aquel tipo melenudo, que solía jugar con las medias abajo y que, a través de 173 goles, una Copa del Rey, una Recopa y una Supercopa de Europa se convirtió en icono.

DEL MUNDIAL A LA LEYENDA


En medio de aquel amor incondicional de Mestalla Mario ya era una de las figuras destacadas en el cambio generacional de la selección argentina. Si había pasado de puntillas por el Mundial de 1974, su marcha a España limitó su presencia en el equipo nacional, pero Menotti entendió imprescindible señalarle como fundamental de un equipo que, en 1978, debía acoger el máximo certamen, apartándose de connotaciones políticas y convirtiéndole en el líder futbolístico de una misión que no se antojaba, para nada, simple.

“Ni mis goles ni la Final ni nada en especial… Lo que siempre recordaré es la alegría en las caras de la gente” proclamó meses después de conducir a la albiceleste al título mundial. Dos goles a Polonia, otros dos a Perú, en un partido siempre puesto en el escenario de la duda (el 6-1 necesario para llegar a la Final) y los dos definitivos frente a la misma Holanda que cuatro años antes había derrumbado por 4-0 a los argentinos en Alemania.

El primero, insistente entre dos defensores de la Naranja Mecánica y el segundo, ya en el alargue y tras una jugada soberbia antes de que Bertoni sentenciase el campeonato. Kempes ya era leyenda.

Un año después conquistó la Copa del Rey, anotando dos goles en la Final frente al Real Madrid y tras protagonizar una remontada histórica al Barcelona; fue máximo goleador (9 dianas) en la Recopa de 1980 (ganada la Final al Arsenal) y eliminando también al Barcelona y condujo al Valencia a la consecución de la Supercopa de Europa imponiéndose al entonces gran Nottingham Forest de Brian Clough.

IDA, VUELTA… Y AUSTRIA


En marzo de 1981 protagonizó un traspaso, otro, histórico, cuando River Plate lo llevó de vuelta a Argentina por 3.5 millones de dólares. Campeón del torneo de aquel año, anotando 15 goles, regresó sin embargo a Valencia al no poder hacer frente los Millonarios al pago total acordado por los dos clubs.

Dos leyendas de dos históricos: Kempes y Diego Armando.


Permaneció en Mestalla hasta 1984 y tras una breve incursión en el futbol sala pasó al Hércules de Alicante, con el que jugó hasta 1986. “Fue bien. Nos salvamos ganando en el Bernabéu al Madrid, que salió campeón, y lo celebramos como un Mundial” recordó durante una entrevista, años después, en lo que fue su despedida de España para apurar su carrera europea en Austria.

Pudo ir al Tottenham de Inglaterra, al Grasshoppers de Suiza, le llamaron de Francia… Pero “me vino una oferta del First Vienna, que yo ni conocía, de Austria. Sabía de Krankl, de la selección y poco más, pero acabé quedándome seis años allí” rememoró tiempo después.

Once partidos en el Arturo Fernández Vial de Chile, con el que marcó cinco goles en 1995 por pedido de su amigo Pedro Lucio Oliveira, y 10 goles con el Pelita Jaya de Indonesia en 1996 cerraron su carrera, lejos ya de la élite pero siempre con el amor por el futbol en el primer plano.

LA FIGURA


Campeón de Bolivia al frente de The Strongest en 1999, la carrera de Kempes como entrenador no fue ni tan longeva ni tan agradecida como lo había sido en el césped. Entre 1996 y 2002 entrenó en Indonesia, Albania, Venezuela, Bolivia, Costa Rica, Italia y España, siendo el San Fernando, de la tercera categoría, su último club.

No podía entenderse para entonces que el nombre del ‘Matador’ pudiera quedar ensombrecido por aventuras en banquillos de clubs cuyos dueños pocas veces respetaban su persona y se aprovechaban de ella en beneficio propio, que no del mismo equipo… Lo que le llevó a decidir su salida del escenario.

Hoy Mario Kempes es una figura incuestionable. En 2004 se sumó a ESPN como analista de futbol y lo que en un primer momento fue una aventura de incierto futuro acabó convirtiéndole en una referencia periodística. Lo es, respetado de manera unánime, por un hecho singular y único: es tan pasional en sus comentarios como frío en sus análisis y, considerando a Maradona como una personalidad única en la historia del futbol, no se ha ahorrado críticas contra él cuando así lo ha considerado.

El ‘Matador’ es uno de los mejores analistas de ESPN.


Afincado en Connecticut y estrella de la televisión a todos los niveles, nadie puede olvidar que Mario Kempes será por siempre una personalidad mayúscula en el mundo del futbol. Si da gusto verle y escucharle, el placer de revivir sus imágenes de los años 70 y 80 del pasado siglo es absoluto.

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